Perdiendo la noche
La contaminación lumínica es un problema no solo para nuestra fauna; nos aleja de nuestra conexión con el cosmos.
La luz artificial del centro de Minneapolis, Minnesota, ilumina las nubes bajas sobre la ciudad, creando un resplandor visible en el cielo nocturno. Este resplandor es uno de los efectos más reconocibles de la contaminación lumínica.
FOTO CORTESÍA ERIC KENNEDY
Por eones, la humanidad se ha inspirado en el cielo nocturno. Nuestros ancestros crearon calendarios elaborados y arte, navegaron los mares e incluso construyeron las grandes pirámides. Pero hoy en día, más de mil millones de personas son incapaces de ver el cielo nocturno debido a la luz artificial, separándolas aún más de la belleza del cosmos.
La invención de la luz eléctrica revolucionó la sociedad, pero llegó con una consecuencia involuntaria: la contaminación lumínica.
La contaminación lumínica es luz artificial excesiva o no deseada que llega a lugares donde no es necesaria. En las ciudades, esto puede producir resplandor del cielo, un domo de luz nocturna creado por la iluminación artificial de farolas, anuncios, edificios de oficinas y otras fuentes.
Esta luz desperdiciada también significa energía desperdiciada. DarkSky International estima que al menos $50 mil millones se gastan globalmente cada año produciendo luz que se escapa al espacio.
El Valle del Río Grande tiene múltiples lugares para observar las estrellas, incluyendo el extremo norte de la Isla del Padre, el Parque Estatal Resaca de la Palma en Brownsville, el Parque Natural Hugh Ramsey en Harlingen y La Sal del Rey cerca de Edinburg.
Con una población de más de 2.5 millones, incluyendo Matamoros y Reynosa, el Valle del Río Grande tiene el potencial de convertirse en una importante región de cielos oscuros que beneficie a los residentes y, a la vez, atraiga a miles de observadores del cielo anualmente. Preservar nuestros cielos nocturnos podría agregar una nueva dimensión a la identidad ecológica del Valle, al mismo tiempo que fortalecería las iniciativas existentes para reducir la contaminación lumínica en la región.
Hay una creciente lista de lugares que ya han tomado acción para crear o preservar sus cielos nocturnos.
El Parque Nacional Big Bend, en el oeste de Texas, es conocido por sus cielos excepcionalmente oscuros, y DarkSky International reconoce comunidades, parques, sitios urbanos y santuarios de cielo oscuro alrededor del mundo. Los sitios son evaluados con base en criterios que incluyen la administración, ubicación, acceso al público, recursos y calidad del cielo nocturno.
La luz artificial ilumina Chattanooga, Tennessee, vista desde Lookout Mountain. El resplandor de las ciudades y otras áreas desarrolladas puede iluminar el cielo nocturno y ocultar las estrellas.
FOTO CORTESÍA ERIC KENNEDY
El RGV ha sido por mucho tiempo un hábitat ecológico único y valioso, desde tortugas marinas hasta aves migratorias, mariposas y mamíferos en peligro de extinción como los ocelotes. Su proximidad al Golfo de México y sus vastos ranchos también han proporcionado áreas relativamente alejadas de la luz artificial de las grandes ciudades. Pero el crecimiento de la población y el desarrollo económico han incrementado la cantidad de luz artificial en la región.
Eso no solo afecta nuestra vista de las estrellas.
De acuerdo con Sea Turtle Conservancy, la contaminación lumínica tiene un impacto negativo importante en las tortugas marinas que, al eclosionar, pueden desorientarse y morir debido a la iluminación artificial.
Las aves migratorias enfrentan peligros similares. La campaña de Audubon, Lights Out, Texas!, advierte que el exceso de luz artificial puede desorientar a las aves e incrementar el riesgo de que colisionen con edificios.
La migración de otoño en Texas inicia el 15 de agosto y continúa hasta el 30 de noviembre, de acuerdo con Audubon Texas. La ciudad de Brownsville se encuentra entre los municipios de Texas que han participado en Lights Out, Texas!, alentando a residentes y negocios a reducir la iluminación innecesaria durante la migración.
Los humanos tampoco son inmunes a los efectos de la luz artificial. De acuerdo con Harvard Health, la exposición a la luz artificial durante la noche, particularmente a la luz azul de las pantallas, puede interferir con el ritmo circadiano del cuerpo y suprimir la producción de melatonina, una hormona involucrada en la regulación del sueño. Los investigadores continúan estudiando las asociaciones entre la exposición a la luz nocturna y otros efectos sobre la salud.
Nuestros ancestros estaban fascinados por el cielo nocturno y sus maravillas; crearon leyendas, arte e incluso culturas enteras. El hecho de que las sociedades se hayan electrificado y desarrollado no significa que tengamos que abandonar ese magnífico lienzo celestial.
Entre más pronto actuemos, más tiempo tendrán las futuras generaciones para mirar hacia arriba y experimentar el mismo sentimiento de asombro.
–Traducido por Gael De La Fuente